La palabra en el Mimo

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Por Erika Montoya Valencia

Por Erika Montoya Valencia

Mimo - Actriz - Directora

Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio» Proverbio.

Los y las mimo no es que seamos mudos, solo no hablamos porque no queremos. Priorizamos la acción sobre la palabra. Sin embargo, hay diversas líneas estéticas del mimo donde se utilizan sonidos, jerigonzas, efectos vocales, incluso vemos una suerte de mimo contador de historias habladas, un tema que desarrolló Jacques Lecoq en su libro El cuerpo poético. Y la pregunta que alienta este escrito es: ¿cómo habla un mimo? ¿Cómo es la oratoria de una mimo? Al parecer la investigación de Etienne Decroux en los últimos tiempos de su vida se estaba dirigiendo a responder esta pregunta, aunque no le alcanzara la vida para contárnoslo. 

La palabra tiene cuerpo, el cuerpo habla, el cuerpo dice… hay que encontrar el cuerpo de las palabras. Lecoq hablaba de la dicotomía que se crea cuando intentamos sustituir la palabra por el gesto o el gesto por la palabra.  Que ese desencuentro entre palabra y gesto se debe  precisamente “a la pérdida del cuerpo de las palabras que se han ido gastando por la falta de contacto con la raíz motriz que las ha hecho nacer, con los verbos, con la acción, olvidando el movimiento que las impulsa.”

Uno de los ejercicios que más recuerdo cuando estudié con Ángel Elizondo director de la Escuela Argentina de Mimo, fue la comparación que nos hizo entre los signos de puntuación en la escritura occidental y su equivalencia con los dinamo-ritmos del cuerpo. Moviéndose en el espacio pudimos ver como se vería una coma, un punto seguido, puntos suspensivos, etc. Fue un ejercicio que me hizo estar mucho más consiente de las maneras en que nuestros cuerpos pueden escribir en el espacio escénico, de la multiplicidad de matices, acentos o aseveraciones que podemos dar a la acción; comencé a ver las palabras como acciones físicas que tienen musicalidad; y a su vez, me fascinó la idea de ver la acción física como un discurso verbal hablado, con acentos y ritmos propios de la oratoria.

En lo personal, vengo del teatro, de los cuentos… y de una ciudad llamada Medellín, donde tenemos fama de ser grandes contadores de historias gracias a las tradiciones orales populares que abundan en aquellas zonas de Colombia. Por eso, desde mis inicios en la escena me he interesado por el contar historias, me ha seducido el narrar nuestras culturas a través de la palabra. Y aunque me considero una mimo, tengo en mi repertorio cuentos tradicionales que me ilusiona narrar con las palabras, me divierte trabajar en la disociación que implica que la palabra guie la acción, o que la acción guie la palabra. Sobre todo me gusta esa libertad que da la escena para unir mundos y estilos, aunque cuando decimos MIMO ya sabemos que es el cuerpo quien lleva La voz cantante!

Y entonces ¿Cómo habla un mimo? ¿Cómo habla una mimo? Te lo has preguntado? Me resulta una interesante y llamativa pregunta, que parece sin sentido, pero creo que amerita mucha más reflexión de la que parece y de la cual seguiremos escribiendo.

Bibliografía

  • Decroux, Etienne (1994). Palabras sobre el mimo. Ediciones el Milagro México.
  • Lecoq, Jacques (2003). El cuerpo poético. Barcelona: Alba Editorial
  • A propósito del teatro de movimiento. Actos del congreso internacional de teatro de Catalunya 1985. Instituto del Teatre, Barcelona, Vol.II, 1986, págs. 91-96
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Cuando comencé mis estudios de Mimo una de mis preocupaciones iniciales fue conocer acerca de su surgimiento como género autónomo

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