Palabras que definen mi filosofía

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Existir significa nacer continuamente. Pero ¿cuántos hay que se dejan morir un poco cada día, integrándose tan bien en las estructuras de la vida contemporánea que pierden su vida al perderse de vista a sí mismos?

Al renunciar a la autonomía, abdicamos de nuestra soberanía individual. Pertenecemos así a los poderes, a los seres que nos han recuperado. Reivindicamos tanto la libertad, precisamente porque nos sentimos esclavos; y los más lúcidos nos reconocemos como esclavos – cómplices ¿Y cómo podría ocurrir de otro modo puesto que ni siquiera somos dueños de nuestra primera casa, la casa de nuestro cuerpo?

Sin embargo, es posible encontrar las llaves de nuestro cuerpo, tomar posesión de él, habitarlo al fin, para hallar en él la vitalidad, la salud, la autonomía a que tenemos derecho.¿Pero cómo? Nuestro cuerpo es nosotros mismos. Somos lo que parecemos ser. Nuestra manera de parecer es nuestra manera de ser. Pero nos negamos a admitirlo. No nos atrevemos a mirarnos. Por lo demás, ni siquiera sabemos hacerlo. 

Confundimos lo visible con lo superficial. Sólo nos interesamos en lo que no podemos ver. Llegamos incluso a despreciar el cuerpo y a quienes se interesan por el suyo. Sin detenernos en la forma – el cuerpo – , nos apresuramos a interpretar el contenido, las estructuras psicológicas, sociológicas, históricas. Durante toda la vida hacemos juegos, malabares con las palabras para que éstas nos revelen las razones de nuestro comportamiento ¿Y si tratásemos de buscar, a través de las sensaciones, las razones del cuerpo?

Nuestro cuerpo somos nosotros mismos. Él es nuestra única realidad aprehensible. No se opone a la inteligencia, a los sentimientos, al alma. Los incluye y los alberga. Por ello tomar conciencia del propio cuerpo significa abrirse a la totalidad del propio ser.

El cuerpo y el espíritu, lo psíquico y lo físico, incluso la fuerza y la debilidad, representan, no la dualidad del ser, sino su unidad.

Fragmento de la  Introducción del libro “El cuerpo tiene sus razones” de Thérèse Bertherat. Editorial Paidós.

Publicación desarrollada por Carolina Calema.

 

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